Reflexiones para tí.

Ayudemos a llevar las cargas

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Gálatas 6:2.

Es interesante que, en este texto original en griego, el apóstol Pablo, cuando habla de las cargas que tenemos que ayudar a sobrellevar a nuestros hermanos, usa la palabra baros, de la cual deriva nuestra palabra castellana barómetro, el instrumento que utilizamos para medir la presión atmosférica. El apóstol nos enseña que debemos ayudarnos mutuamente a soportar las presiones propias de vivir en este mundo. Sin embargo, pocos versículos más adelante, San Pablo parecería contradecirse, porque dice: “cada uno llevará su propia carga” (Gál. 6:5). ¿Cómo entendemos esta aparente contradicción? Sucede que, en el versículo 5, el apóstol utiliza la palabra griega fortión, la misma que se utiliza en otras partes de la Biblia para hablar del peso específico necesario que deben tener las embarcaciones para mantenerse a flote.

Lo que parece querer decirnos el apóstol con esta aparente contradicción es que, por un lado, nuestra actitud hacia nuestro hermano que padece problemas, sobre todo aquellos que sobrepasan su capacidad de resolución, debe ser de ayuda en momentos de necesidad. Pero, a su vez, la idea no es que los cristianos nos la pasemos resolviendo los problemas que las personas mismas deben resolver, y asumiendo las responsabilidades que ellas pueden y, por lo tanto, deben asumir. Muchos cristianos esperan que los demás estén siempre pendientes de sus sentimientos, de sus dolores, aun de sus problemas económicos, pero ellos no mueven un dedo para ayudarse a sí mismos. Prefieren vivir de la ayuda social, y creen que ese es el deber de la iglesia. Pero, si la iglesia lo hiciere así, estaría corroborando en la indolencia a las personas, y lo único que se lograría sería perpetuar los problemas, pues la persona en cuestión no crecería ni se haría fuerte para bastarse a sí misma.

Como iglesia, parte de la obra que hemos de realizar es ayudar a la gente a desarrollarse, a madurar, a hacerse fuerte en Cristo para enfrentar los desafíos de la vida. Esto es parte de la gran obra de la restauración de la imagen moral de Dios en el hombre, que casi hemos perdido por el pecado.

 Tomado de: Lecturas devocionales para Jóvenes 2015
“El tesoro escondido” Por: Pablo Claverie






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